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Corazón Sagrado
de
Enrique Solinas

Ficha Técnica:

Editorial: Viajero Insomne 
Lugar de Edición: Buenos Aires
Año de Edición: 2014
Páginas: 60
ISBN: 9789874524188






Corazón Sagrado

Cuando en la actualidad se habla de «poesía mística» se suele pensar en un juego paradójico con las palabras, se suele hacer referencia al problema místico del lenguaje, que consiste en lo siguiente: las palabras no pueden decir las cosas, el ánimo ni la materia del mundo, son más bien su ausencia. Entonces lo místico sería aludir, por defecto del lenguaje, al exceso de las palabras, a aquello que las excede, por la doble vía del silencio y de la metáfora. Sin embargo, en los poemas de Enrique Solinas los versos son místicos en un sentido más propio. Por supuesto, lo que se dice –el amor, el sentimiento religioso, el misterio de una relación anímica con un absoluto– no cabe del todo en las palabras, pero hay aquí un impulso más antiguo que la resignación a la insuficiencia del lenguaje. Estos poemas recobran la cuestión mística desde San Juan de la Cruz, le ponen de nuevo figuras al amor divino y nuevas canciones a la persecución incesante del alma por una plenitud perdida. Así, como en aquella tradición mística, el erotismo se torna ambivalente: ¿se ama a Dios o al Hijo, bajo la forma de un cuerpo deslumbrante en su pasión y su dolor? ¿O bien se ama un cuerpo presente cuyo transporte y cuyo goce hacen sentir en el espíritu la presencia de un ser eterno?

Silvio Mattoni
Nota de Contratapa


Original misticismo



Voz por completo atípica pero no disonante en el panorama de la poesía local, Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969) ha publicado ampliamente y su obra recibió varios premios. En algunos trabajos, como Libro de las horas, visitaba la temática religiosa y mitológica. En Corazón sagrado, esas dos vertientes confluyen y crean reflexiones sobre el amor a Dios, la belleza del dolor y el sacrificio. Como en otros autores de poesía mística, el erotismo latente se expresa de modo ambiguo con analogías bien terrenales: “Y yo te amaré/ como el amante/ que en la noche/ regresa/ y cierra las puertas del mundo/ para irse jamás”. La poesía de Solinas manifiesta con cautela una especie de misticismo queer, en el que resuenan los ruegos de Cristo a su Padre durante la crucifixión, la tradición literaria de san Juan de la Cruz y el legado filosófico de Ulrich von Balthasar. Sin efectismos y con unas pocas anécdotas personales en las que la voz poética aspira a la universalidad -pero donde también increpa al mundo, a la historia humana escrita con “palabras para morir”-, Solinas entrega canciones resplandecientes.

A partir del símbolo del Sagrado Corazón de Jesús, síntesis de la alquimia cristiana que fusiona pasión y entrega, sufrimiento y altruismo, los poemas apelan a “las voces antiguas,/ las voces nuevas,/ las voces viejas/ de la locura/ preparadas para el amor” con el fin de figurar una búsqueda ancestral. El vínculo de la escritura con la divinidad adquiere en estos textos formas diversas: tanto el efecto de una lluvia fresca sobre el corazón cansado como la luz de la gloria opacada por las sombras del Gólgota.

Daniel Gigena
Nota publicada en Diario La Nación, 
suplemento ADN Cultura 





La liturgia de la modernidad


Si algo podría definir la poesía de Solinas es su profundo humanismo expresado con una rigurosidad formal que tiende al despojamiento. De la dramatización de la escena que se despliega en cada poema brota una verdad que se vislumbra o se esconde o es buscada pero no aparece de un modo frontal, sino que se asoma en la entonación, en el gesto de la voz. El nivel ontológico en la poesía de Solinas se encuentra en la articulación estética, lo que se sabe y lo que no, puede rastrearse debajo de lo enunciado como interrogante y como anhelo. En la aparente sencillez hay inflexiones, cruces de registros, leves guiños, un afán de totalidad encubierto en el trazo limpio de las palabras. En ese tono de placidez que marca la escritura de este nuevo libro, en Corazón Sagrado se rastrea, sin embargo, la inquietud, la sed de eso que apenas se nombra. Búsqueda y confesión, susurro, verdad desnuda a veces como revelación inusitada, cántico, celebración, todo en estos poemas que pulsan el trayecto de una búsqueda estética caracterizada por la originalidad, la impecabilidad y la variación de matices y un innegable entronque con la oralidad por su tono de invocación y plegaria. Hay, además, algo de testigo en esta voz poética, testigo del suceso, del acto, de una verdad. En estos poemas se percibe nuevamente la combinación de una mirada inocente y a la vez aguda en un equilibrio delicadísimo, aunque es probable que el giro en la escritura dé cuenta de una decantación mayor en el tratamiento de la palabra que se vuelve translúcida, abarcadora, única. Reducir este conjunto de poemas a una tradición encuadrada en el lirismo místico sería empobrecer la propuesta del autor, si bien aparecen los motivos y los escenarios típicos del Nuevo Testamento de la Biblia el desierto, los cuarenta días y las cuarenta noches, la escena de la crucifixión- es imposible no leer entre líneas para descubrir que el texto al nombrar celebraciones, ceremonias y creencias nos habla del ejercicio de la palabra poética como una liturgia de la modernidad. El poema “Dionisios” opera como un contrabalanceo de la figura crística que atraviesa la mayor parte del libro. El desborde de los sentidos frente a la contención y mesura que se repliega hacia un centro, la expansión hacia el afuera sin tope ante una mirada interior, expresada en la metáfora del Sagrado Corazón de Jesús, que ha sido considerada por algunas tradiciones del pensamiento del nuevo paradigma como una superación del Cristo crucificado o, quizá, una representación del Cristo más acorde con el nuevo siglo. Cabe señalar que la estructura del libro en su totalidad guarda un equilibrio en la reunión y combinación de poemas marcados por la belleza expresiva y el rigor formal.

Irma Verolín
Nota en el Diario El Litoral




ENRIQUE SOLINAS. Nació en Buenos Aires el 11 de julio de 1969. Desde 1989 colabora con publicaciones de Argentina y del exterior, es docente y forma parte de grupos de investigación en literatura latinoamericana, literatura argentina y literatura y mística. Publicó en poesía: Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El Lugar del Principio (1998), Jardín en Movimiento (2003), Noche de San Juan (2008), El gruñido y otros poemas (2011), Invocaciones -cuatro poetas en la voz del mito- (2012). En narrativa: La muerte y su conversación (cuentos, 2007). Su obra forma parte de antologías nacionales e internacionales, siendo traducido al inglés, al italiano, al griego, al portugués y al chino. Por su labor literaria obtuvo varios premios, entre ellos, el 1er. Premio Nacional Iniciación Bienio 1992/1993, de la Secretaría de Cultura de la Nación, el 1er. Premio Dirección General de Bibliotecas Municipales de Buenos Aires 1993, Subsidio Nacional de Creación de la Fundación Antorchas, Concurso 1997 de Becas y Subsidios para las Artes, el 1er. Premio Estímulo a la Creación año 2000 de la Secretaría de Cultura de la Nación, el 1er. Premio de Cuento Fantástico 2004 de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, etc. Obtuvo la Beca de Residencia Shanghái Writing Program 2014. Actualmente, su actividad incluye la narrativa, la traducción, el periodismo cultural, la crítica literaria y de artes plásticas, y la investigación.


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