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 Germán Arens 

 Los Ojos del Cordero



ARENS, Germán - Los Ojos del Cordero - Primera edición. Ediciones El Suri Porfiado. Buenos Aires [2010] -  ISBN: 978-987-1541-24-9 - 48 pp.



Metafóricamente la mirada de este animal, es el propio libro. Una mirada que además lleva la carga de ser del cordero, animal que asociamos al sacrificio. De ahí que este libro sea un trabajo sobre el lenguaje sacrificado. Pero antes de que suceda.

¿A qué me refiero con un lenguaje sacrificado? Aquí: a los vestigios latentes de una tradición campera, a los lazos familiares-privados, a un religar del hombre a la tierra. Todo esto con naturalidad prosaica. Con un estilo fluido, llano, cercano, nada de radical. Pero cuya gracia va en la distancia -madura y nada afectada- con que ocupa su lugar de cronista poético en la familia. A pesar de lo prosaico nunca pierde el dejo de la poesía.


Ni se enfrasca en una letanía nostálgica y retórica sobre el pasado o sobre la vida rural. Escucha, deja hablar...lo que lo mantiene fresco, vivo....a pesar de ser también un viaje a la memoria y a la muerte (los misterios de la muerte a propósito del poema Cordero). Hablé de viaje. Bueno, todo libro que se precie de tal, lo es. Ahora, en particular, éste lo es de regreso. Y Arens (Bahía Blanca, 1967) -es el Ulises- que sabe nuevos trucos, curtido por la vida. Pero, claro, aquí no vuelve de la Guerra de Troya ni es su única tierra mientras Penélope tolera pretendientes dispuestos a desposarla. Es el hijo de los hijos que emigraron de la tierra, el nieto de los hijos pródigos, uniendo las distancias, atendiendo las diferencias.

En fin, Los Ojos del Cordero (El suri porfiado, 2010) a pesar de su demarcación rural, no pierde un ápice de generalidad y llegada a un publico citadino o culterano -con su sabiduría de citas, intertextualidad y rebuscamientos lingüísticos-. Ni la sabiduría del sentido común y del arraigo propios del carneado y siembra. Germán se mueve en ambas como pez en el agua. Comprende la raíz popular de la lengua viva, pero también los pilares que componen la culta. Y sabe conjugarlas con pericia, es decir, con simpleza.

No dejes de mirar por Los Ojos del Cordero.



Ernesto González Barnert 
Desde Chile

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